Durante los meses siguientes, comencé a pasar siete días en cada ciudad y salí a la siguiente.
Claude llegaba un paso tarde, fallando en encontrarme una y otra vez.
Pero Teodoro siempre lograba localizar mi próximo destino con precisión.
Poco a poco, me acostumbré a su presencia.
Con el tiempo, incluso llegaba a sugerirle adónde quería ir después, y planeábamos juntos.
Mientras, Claude seguía llamándome con números distintos. Harta, un día contesté una de esas llamadas.
Al otro lado, Claud