La mañana despertaba con una luz suave y dorada que parecía acariciar suavemente los muros del castillo. Después de que estuvieron organizados, Hades, sin pensarlo dos veces, levantó a Stella en brazos. Ella, un poco nerviosa, intentó protestar con voz temblorosa:
“Mi señor, puedo caminar”.
Pero las mejillas de Stella daban cuenta de sus verdaderos sentimientos: un sonrojo profundo teñía su rostro, reflejando la mezcla entre timidez y afecto que sintió en ese instante.
Hades, con una mirada lle