Stella avanzaba con paso firme por el majestuoso pasillo del palacio, acompañada del brazo fuerte y protector de su padre. Su mirada estaba fija en Hades, quien esperaba en el altar con su habitual puerta fría y elegante. Su cabello oscuro estaba peinado hacia atrás, y su traje negro, tan característico de él, le quedaba impecable, resaltando una elegancia que podría conquistar a cualquier mujer. Sus ojos rojos, intensos y penetrantes, no se apartaban ni un segundo de ella. Ella, por su parte,