Nicola
No podía creer lo que acababa de hacer.
Estaba parado frente a mi escritorio, con las mangas arremangadas, el cabello desordenado y un ligero sudor en la frente, mirando el espacio vacío donde hace unos minutos estaba mi esposa.
"¡Maldita sea la demonia loca y sexy de mi mujer!"
Había entrado como una psicópata, gritando y haciendo de las suyas, tocando los botones justos para provocarme y hacerme caer directo en su trampa.
Después de jugar conmigo y saciarse, se fue al baño a quitar l