Nicola
Desde la ventana de mi oficina, mis ojos seguían a mi mujer, que había salido hecha una psicópata de aquí hacía unos segundos.
Ella caminaba con pasos firmes y una postura tensa, con la imbécil de mi ex secretaria aferrada por el cabello como si fuera un perro al que arrastraban por la correa.
A cada tirón, la mujer lloriqueaba más fuerte, pero Valentina no aflojaba ni un milímetro. Si alguien en el puerto no se había dado cuenta de su furia, pronto lo haría.
—Madonna santa… —murmuré par