Capítulo 76

La atmósfera en el penthouse nunca se había sentido tan asfixiante. Alex permanecía estático junto a la mesa de roble, pero la rigidez de su postura ya no era de autoridad, sino de alguien que intenta mantener los pedazos de sí mismo pegados a la fuerza. Sus ojos, generalmente tan calculadores, estaban inyectados de sangre y perdidos, siguiendo cada uno de mis movimientos como si yo fuera su único punto de gravedad.

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