Capítulo 75

El desayuno del domingo fue el detonante. Alex estaba inmerso en su tablet, tratándome con la misma cortesía gélida e impersonal que le dedicaría a un consultor de inversiones. La tensión en el aire era tan espesa que el sonido de la cuchara golpeando la taza de porcelana parecía una explosión.

—Alex, basta —dije, y mi voz cortó el silencio de la terraza gourmet.

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