Mundo ficciónIniciar sesiónLa semana que siguió fue un desierto de comunicación. Alex no envió un solo mensaje que no fuera estrictamente protocolar sobre la seguridad o el cronograma de Marco. En la oficina de la municipalidad, me hundía en planos y cálculos, buscando en el rigor técnico de la arquitectura un escape para el silencio ensordecedor que él imponía. Por la noche, Banguela era mi única compañía, observ&aacu







