Mundo ficciónIniciar sesiónEl reloj de pared en el hall del penthouse marcaba las dieciocho horas con una precisión que rozaba lo ofensivo. El sonido del tic-tac resonaba en la inmensidad del mármol como una cuenta regresiva hacia el silencio absoluto, ese estado que Alex Albuquerque tanto valoraba —ou que, al menos, se esforzaba por fingir que valoraba—. Desde la baranda de cristal de su balcón, observaba cómo las luces traseras del auto blindado de Marc







