El baño estaba impregnado de vapor, pero yo aún sentía un frío que venía desde adentro, un escalofrío que ninguna agua caliente parecía capaz de disipar. Me sentía sucia. No era solo una suciedad física, era algo visceral. Mientras el agua caía, mi mente, cruel y exhausta, comenzó a proyectar culpas.
¿Esto fue un castigo?, pensaba, con las lágrimas mezclándose con el flujo de la ducha. Tenía una relación normal con Oliver. Una vida estable, segura, tibia. Salí de aquello en busca de fuego, de i