Meses después del bautismo, finalmente había regresado a las dinámicas diarias del despacho principal, pero la oficina se sentía irremediablemente incompleta. El espacio que antes consideraba mi santuario de control ahora me resultaba ajeno; mi mente se negaba a echar raíces en los mapas tácticos y seguía girando de forma obsesiva en torno a la suite presidencial, a la pequeña cuna de madera colocada estratégicamente junto a mi lado de la cama. Los densos informes de aduanas, los balances comer