La primera gran cumbre de Alfas convocada tras el fin de la guerra en el Norte no se sentía, bajo ninguna circunstancia, como un evento diplomático ordinario; se sentía, en cada fibra del aire, como una prueba de fuego definitiva para nuestro linaje. Yo ya no era la prisionera indefensa, la loba capturada o la pieza de ajedrez político que los clanes se disputaban; era la Luna legítima del Alfa victorioso, y una comitiva de élite de la manada Luna Ancestral nos acompañaba hasta la frontera neut