La noche se extendía, gélida y eterna, sobre las torres de la manada Luna Ancestral, pero yo ardía por dentro con una intensidad que nada tenía que ver con el clima. Llevaba horas sentada en el despacho privado de Xavier, con los dedos apretados firmemente alrededor del Sello de Obsidiana, sintiendo la furia controlada, precisa y letal de mi Mate a cientos de kilómetros de distancia. La intensidad del Vínculo era agotadora, casi dolorosa; cada golpe de su espada en el Norte, cada explosión de s