El olor característico de la manta de lana, que hasta hacía unos momentos había estado profundamente impregnada con mi propia esencia de Alfa, regresó de golpe a mi oficina privada, disipándose con una exasperante lentitud en el aire estancado del pasillo. Era una maldita firma invisible, un rastro olfativo que confirmaba de manera irrefutable mi propia estupidez y falta de control.
Me había justificado a mí mismo utilizando como excusa la pura biología: el peso del Vínculo. Mi lobo interno exi