Punto de vista de Antonio
Unos días después, Leila prácticamente estaba siguiendo todo lo que le indicaba, lo cual consideré algo bueno y un gran avance. Además, le había dado a Amelia el tiempo que necesitaba para desentrañar cada detalle sobre el Alfa Xander, y ella me anunció que por fin estábamos listos para atacar.
Mi corazón se hinchó de alegría mientras entrenaba a Leila en esgrima. No era porque quisiera que fuera fuerte ni nada por el estilo, sino porque al menos necesitábamos hacer algo para engañarla y hacerle creer que realmente queríamos que lo fuera.
Observé atentamente a Leila cuando sostuvo la espada en sus manos al pasársela. Al principio, cuando se la entregué, esperaba que fuera demasiado pesada para que la cargara, pero la sostuvo y aun así mantuvo un equilibrio perfecto, lo que me hizo preguntarme cómo.
Ya me había impresionado con su ingenio y su encanto, y por supuesto con sus poderes, pero ahora estaba ansioso por ver cómo manejaría un arma. No me serviría de n