Punto de vista de Antonio
La lluvia comenzó a caer a cántaros, empapándonos a Leila y a mí en un instante. El cabello de Leila, mojado y enredado, se agitaba alrededor de su rostro mientras sus manos seguían presionando sus sienes. El aire estaba vivo con energía eléctrica.
—¡Leila, concéntrate! —grité, intentando devolver su atención hacia mí—. ¡Debes centrarte!
Los ojos de Leila se encontraron con los míos, llenos de desesperación.
—¡No puedo! ¡Es demasiado!
Podía ver el miedo y la desesperac