Punto de vista de Amelia
¡Esa perra! ¿Es que no podía parar?
Siempre presente y molesta como una maldita mosca revoloteando.
Y Damien. ¿Cómo pudo? Él sabía cómo me sentía respecto a ella y era mi compañero.
Mío.
¿Eran sus poderes los que atraían a todos los hombres hacia ella? Incluso a mi puto padre.
Observé con asco y fastidio cómo caminaba de un lado a otro, rojo de ira, ladrando órdenes para que la encontraran.
—Papá.
—Si no tienes ninguna noticia sobre el paradero de Lelia, entonces te sug