Unas horas después de evitar a toda costa estar a solas con Dante, Valentina no esperó a que atardeciera del todo.
La villa estaba silenciosa, y ese silencio no era sólo una paz que se sentía, era sospechoso y ella sabía que eso era vigilancia… Incluso en los pasillos más recónditos, más alejados, siempre parecía seguirla alguien con la mirada.
Y era más sospechoso ahora ya que los empleados y sirvientes no hacían ruido cuando caminaban, ante todo esto, Valentina decidió irse a otra habitación,