Y sin decir nada, apuntó suavemente y la lanzo, haciendo que rebotara en el agua.
— Tienes que lanzarlo así de esta forma… Cerca del agua, no con fuerza, con dirección… Si lo haces con mucha fuerza se hundirá. —dijo Dante explicándole a Matteo, quien se veía muy interesado.
La piedra rozó la superficie tres veces, cada rebote dejaba un círculo concéntrico que se expandía lentamente antes de ser tragado por la quietud del canal.
Matteo abrió los ojos con genuina fascinación infantil, esa que tod