La mañana siguiente en la mansión había sido sorprendentemente tranquila.
Demasiado tranquila... Tanto que Matteo ya estaba empezando a sospechar de ella.
El sol entraba oblicuo por los ventanales del comedor principal, tiñendo de dorado la madera oscura de la mesa larga. Afuera, los jardines se extendían en un silencio casi irreal... Ningún motor... Ninguna voz elevada... Ningún indicio de la tormenta que los había perseguido durante las últimas semanas.
— Cuando todo está tan calmado siempre