Matteo se tranquilizó y siguió vigilando, dejando de verlos por unos segundos.
Valentina no lo pensó.
Apenas sintió el aliento cálido de Dante rozar su nuca y el susurro ronco en su oído, su mano derecha salió disparada como un látigo. Los dedos se cerraron en un puño alrededor del cabello negro y organizado de el, tirando hacia atrás con fuerza controlada, precisa, sin emitir ni un maldito sonido. El movimiento fue tan rápido que el aire parecía cortarse.
Dante quería gritar pero en vez de es