Evadne
—¡Evadne! ¡Espera!
La voz de Théo resuena detrás de mí, pero no me detengo. Corro sin mirar atrás, las lágrimas surcan mis mejillas y distorsionan todo a mi alrededor. Me refugio en la primera habitación que encuentro, dejando que el llanto se desate sin restricciones.
¿Cómo pude creer que tenía alguna oportunidad? El pueblo me desprecia y siempre será así.
Mientras me encuentro sumida en mi propio desconsuelo, la puerta de la habitación se abre de repente. La concubina Faelan entra co