Evadne
Nuestras miradas se encuentran en una especie de desafío intenso. Théo me sujeta del brazo y no parece tener intenciones de dejarme ir, pero yo tampoco pienso agachar la cabeza.
—No deberías estar aquí, me estoy cambiando, ¿acaso no lo ves? —cuestiono con severidad.
—Es la única forma de que no huyas o me evites. No puedes permanecer como un fantasma en este castillo para siempre.
—Oh, no, no será para siempre —declaro. Él no capta el doble sentido en mis palabras.
Trato de ocultar mi vi