Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz de las lámparas de aceite apenas disipaba las sombras en las oficinas privadas del Templo de Amón. Imhotep, el Sumo Sacerdote, se sentaba a la cabecera de una mesa de ébano, su rostro iluminado por el parpadeo de las llamas. Frente a él, un pequeño grupo de nobles, hombres de mediana edad con rostros serios y expresiones de descontento, escuchaban con atención. Serket, la escriba del templo de Isis, permanecía de pie en un rincón discreto, con un papiro en las manos, fingiendo organiza







