Mundo ficciónIniciar sesiónEl sol de la mañana apenas rozaba las columnas de la Gran Sala de Audiencias del Faraón Amonhoteph, pero el ambiente dentro del vasto recinto estaba lejos de la serenidad matutina.
Un mensajero, cubierto de polvo y con el aliento agitado, se postró ante el trono de oro. En su mano extendida, un rollo de papiro, sellado con un emblema que no pertenecía al Faraón: un halcón estilizado sobre una pirámide. El mensajero apenas pudo pronunciar las palabras. —Mi… mi






