Mundo de ficçãoIniciar sessãoCirice es aquella sirena que dejó todo por amor y pese a lo que todos creen, no tuvo un final feliz a lado del príncipe de sus sueños, ahora con una segunda oportunidad, con un corazón más duro, siendo la esclava de una hechicera egoísta y la protegida de un temible y frío tiburón blanco, se enfrentará de nuevo al mundo de los humanos para recuperar el corazón del mar una joya mágica que puede dominar las aguas y no solo eso, hallará el amor en quien menos creyó. Una historia llena de piratas, seres sobre naturales, codicia, un triangulo amoroso, venganzas y magia. Perdió todo por amor ¿Cometerá el mismo error?
Ler maisEra el año de 1912, la piratería ya llevaba mucho tiempo que había acabado, siglos donde los navíos evolucionaron, la tecnología llegó, los humanos desarrollaron otra forma de vivir. Ahora los barcos no solo eran un transporte sino un lujo y justamente el 10 de abril zarparía uno que cambiaría la historia por siempre del puerto de Southampton en Inglaterra. Mientras unas viejas amigas se veían en una de las cafeterías más cercanas al evento, ataviadas con trajes exquisitos que solo las mujeres de la alta sociedad se dignaban a lucir.—Admito que es mejor que esos viejos vestidos estorbosos con corsé molesto —decía Gumbora mientras tomaba su taza de café y veía por la ventana.—Los tiempos han cambiado, las cosas son muy diferentes en todos los aspectos —dice Cirice quien ve con una sonrisa.—¿Qué hacen en Inglaterra? —pregunta Gumbora sin despegar la mirada del enorme trasatlántico que permanece afuera.—Él es gales… Solo hicimos una pequeña escala aquí, cada cierto tiempo visitamos s
—Imposible… —dice Adewale mientras los ojos de la hechicera se llenan de luz, el poder del mar empieza a vibrar por las venas de Gumbora y se iluminan a través de su piel—. Solo la sangre del rey Adrián podría completar el ritual… Solo él podría decir quién tomará el poder… Ella lo dijo —añade sorprendido y atormentado por lo que ve. Gumbora toma con ambas manos el arpón que empezaba a encajarse en su pecho y se lo quita con facilidad a Adewale mientras esté suelta su cuello. —Y tienes razón, hechicero… pero ella es su hija, en sus venas corre la misma sangre que su padre, ella tiene su voz escondida en su garganta… Ella puede decidir a quién darle el poder. Con esas últimas palabras el hechicero retrocede y busca una última vez con la mirada a Cirice quien solo levanta los hombros y le sonríe de lado. Adewale comienza la huida, junto con sus lacayos buscan alejarse, pero tan rápido como da la vuelta un arpón termina atravesándolo por completo, haciendo que se hunda hasta tocar la
—Lo quiero todo… Quiero tu corazón como antes, que me veas como lo hacías… Ya tienes presente cada recuerdo que tuve que borrar, ya sabes que a quien en verdad amabas era a mí. —Se acerca un poco más Adewale, intentando atraer la mirada de Cirice. —Ya no somos los de antes… —No… Ahora somos mejores, las cosas serán mucho mejor, pero necesito que confíes en mí. Cuando Cirice está dispuesta a levantar la mirada hacia él se percata de la presencia de Gumbora y no puede evitar hacer a un lado a Adewale para precipitarse hacia ella con preocupación. De inmediato Cirice se postra al lado de Gumbora y la examina con la mirada, acaricia su rostro con preocupación analizando que tanto daño ha recibido; ambas se abrazan por un momento agradeciendo que la otra esté sana y salva, pero ese instante de reencuentro se nubla por la presencia de Adewale. —Cirice… —Su voz se hace escuchar y la sirena no tiene más que voltear hacia él— …no hay tiempo… Eres la única que conoce cómo realizar el ritua
La puerta de acero retumbó varias veces, el capitán desenfundo su espada mientras que la ama de llaves buscaba esconderse en el fondo del recinto. Köpek sabiendo que era el momento indicado, usando su fuerza rompió sus sogas y de inmediato se dispuso a liberar a Tabata y a Morgan, aunque a este último le hubiera gustado mantenerlo atado. El príncipe sorprendido por la fuerza del tiburón retrocedió con algo de recelo, viendo después hacia Cirice. —De haber querido, hubiéramos salido de aquí sin necesidad de convencerte… Otra muestra de que no somos tus enemigos —dice Cirice viéndolo fijamente con molestia. Antes de que el príncipe pueda responder la puerta se abre abruptamente, el ama de llaves no puede evitar gritar ante el horror de ver a esas bestias entrar a la bodega. Su rostro está lleno de escamas, pero su cuerpo es el de un humano, sus ojos son totalmente negros y se alcanzan a ver colmillos saliendo de su boca. De inmediato Cirice le quita la daga a Carlos de la mano y se pr
Último capítulo