La nieve había comenzado a caer en Luminaria por primera vez en décadas.
No era una nevada cualquiera. Aquellos copos, delgados como hilos de seda blanca, descendían con un ritmo encantado, flotando sobre los tejados, árboles y estatuas como si obedecieran una melodía antigua, una que sólo los susurradores de la tierra podían oír. El aire se sentía cargado de magia ancestral. Cada partícula de hielo contenía runas diminutas que brillaban bajo la luz de las antorchas con un respl