—¡Abbey! ¿Qué has hecho? ¿Estás bien?
Abbey bajó la cabeza e intentó respirar profundamente.
—Sí, sí, estoy bien —alzó la cabeza—. No te preocupes...
La sangre comenzó a fluir desde su nariz y el labio partido.
Todos jadeaban asustados, mientras Abbey se sentía como la protagonista de una sangrienta película de terror.
—¡Abbey! ¡Estás sangrando mucho!
La rubia se limpió la sangre con el dorso de la mano, como pudo.
—Estoy bien, de verdad. No grites, me duele la cabeza —tomó la espada que el niñ