La ciudad es un hervidero de actividad, y la calle Montpelier es una de las más concurridas. Por sus aceras caminan personas de todo tipo, desde ejecutivos apurados hasta vendedores ambulantes, desde turistas curiosos hasta mendigos cansados. Por sus carriles circulan carros de todos los colores y tamaños, que emiten sonidos estridentes y contaminantes. El tráfico es tan denso que a veces parece que no avanza nada. Pero en medio de ese escenario agobiante, hay un lugar que se destaca por su sab