Mundo ficciónIniciar sesiónTres segundos bastaron para que el jadeo del lector se convirtiera en silencio expectante.
En la penumbra de una villa caribeña, Ethan Marshall reposaba en una hamaca al borde del mar. El viento nocturno masajeaba su camisa blanca, desabotonada en dos botones, y el aroma a sal brotaba con cada respiración. Un zumbido irritante interrumpió el murmullo de las olas. Ethan sacó un tel&eacut







