El aire helado de la noche en el rincón del balcón principal golpeaba mi rostro con una suavidad que lograba entumecerme los nervios desbocados.
A solo tres semanas del fin del contrato de seis meses, las cláusulas estrictas y las especificaciones técnicas de nuestra farsa de relaciones públicas, parecían desvanecerse ante el inmenso panorama del distrito financiero. Decidimos ignorar al mundo entero y al veneno incesante de las redes sociales por una noche, buscando en la amplitud de la terraz