La mano de Vincet acariciaba la espalda de ella de arriba abajo.
Ambos habían perdido la noción del tiempo y era mitad de la madrugada más ninguno dormía. Vincet tenía su cabeza recostada en su brazo doblado detrás y miraba el techo pensativo, escuchando la respiración de la mujer recostada sobre él. Su peso era realmente agradable, y podría acostumbrarse a dormir de esa forma con ella sobre si, lo que, sin ropa, la tela le resultaba de más para sentir el delicioso calor de ella.
Alicia había l