Los dedos de Anna se aferraron lentamente al borde del portátil mientras seguía fijándose en el rostro del niño. El parecido ya no era algo que pudiera descartar como una simple coincidencia. Estaba ahí, dolorosamente evidente cuanto más lo miraba.
Sus ojos se parecían exactamente a los de Liam cuando este se concentraba en algo, e incluso la sonrisa tenía rasgos de él de una forma que le provocaba a Anna un nudo en el estómago.
—No… —susurró de nuevo, sacudiendo la cabeza.
Su respiración se a