De vuelta en Los Ángeles, la vida seguía como siempre. Cada mañana, Lora se levantaba antes que los niños, se preparaba para ir al trabajo, revisaba sus horarios y salía de casa con la misma expresión serena a la que todos a su alrededor se habían acostumbrado.
En el hospital, seguía siendo la cirujana dedicada a la que todos respetaban, centrada y profesional en todos los sentidos. En casa, seguía siendo la madre cariñosa que ayudaba con los deberes, escuchaba historias infantiles durante la c