Tras su enfrentamiento con Liam, Anna ya no podía seguir fingiendo que todo era normal. La conversación que habían mantenido no dejaba de repetirse en su cabeza una y otra vez, sobre todo el momento en que ella mencionó a Elena y él no lo desmintió.
Ese silencio la atormentaba más de lo que lo habría hecho cualquier confesión. Liam no era un hombre al que le costara encontrar las palabras, y menos aún con ella. Si realmente ya no quedaba nada entre él y Elena, habría zanjado la conversación de