Liam estaba de pie junto al ventanal de su estudio, con la mirada fija en los jardines, pero lo único que veía era aquel balcón de Las Vegas. Aún podía oír aquella voz, aquella voz melódica que se negaba a abandonar su mente. Solo habían pasado seis meses desde que ella desapareciera —seis meses despertándose en una cama fría, seis meses de silencio—, y sin embargo le parecían una maldita eternidad.
Cada vez que cerraba los ojos, veía la forma en que ella miraba a Dante.
«No puede ser ella», s