La propia Ava miraba en ese momento a Lora con una expresión a medio camino entre la de una hermana preocupada y la de una jueza.
—Súbete a la camilla, Lora. Y no me mires así. Sabes que llevas dos semanas de retraso con esto —dijo Ava mientras se ponía un par de guantes nuevos.
Lora suspiró mientras se subía a la camilla. Se subió la camiseta, dejando al descubierto la curva de su vientre. Lora se estremeció un poco al sentir el frío del gel en el vientre y cerró los ojos durante apenas un seg