Los días pasaban con una lentitud dolorosa, como si el tiempo se hubiese confabulado con la tristeza para arrastrar cada hora. El sol salía y se ocultaba sin entusiasmo, su luz apenas lograba calentar el jardín de la casa Cisneros, donde las flores marchitas parecían inclinarse bajo el peso de la melancolía.
A pesar de la aparente paz del hogar —las flores frescas que adornaban el jarrón de la sala, el suave crujido de la madera bajo los pasos de Nelly, el murmullo casi imperceptible de la músi