Días después.
La noche había caído suave, casi indulgente, sobre la casa Cisneros. La brisa de abril susurraba entre los árboles del jardín, llevando consigo el aroma dulce de las flores nocturnas. Las luces cálidas que colgaban entre las vigas del techo titilaban como luciérnagas doradas, creando un aura acogedora dentro del comedor principal.
Allí, entre el murmullo del fuego encendido en la chimenea y el tintinear elegante de los cubiertos, se reunía una familia que intentaba, poco a poco, v