La luz del mediodía se filtraba a través de las cortinas de lino, dibujando siluetas suaves en las paredes color crema. Un viento tibio entraba por la ventana entornada, haciendo que las cortinas se movieran con un vaivén lento, casi hipnótico. El perfume de los rosales del jardín se colaba con delicadeza en la casa, mezclándose con el aroma del pan recién horneado y el café que burbujeaba en la cafetera de la cocina.
La casa Cisneros estaba más viva que de costumbre. En la cocina, se escuchaba