Los siguientes días fueron de preparativos frenéticos, cargados de emoción y esperanza. Nelly se movía por la casa como una llama viva, infatigable, arrastrando consigo la energía renovada que la maternidad y el amor le inyectaban. Coordinaba flores, tonos de telas, luces tenues, música instrumental y cada pequeño detalle con la precisión de alguien que entendía que no era solo una fiesta: era un símbolo de renacimiento.
El jardín interior fue el lugar elegido. Un espacio encantador rodeado de