Mundo ficciónIniciar sesiónMi rutina al llegar a casa siempre ha sido la misma. Me cambio de ropa, reviso trabajos de mis estudiantes y dejo todo listo para el día siguiente. Luego preparo algo de comer y ceno viendo la televisión. Pero hoy hay algo que cambia: el señor Jansen se ha mudado a mi cabeza sin pedir permiso ni pagar alquiler.
Vuelvo a la frase que dijo en la sala de familia, cuando las emociones lo desbordaron: “...no pude protegerlos en esa ocasión…”
¿A cuál ocasión se refería? ¿Qué le había pasado a la madre de Asbjørn? ¿A quién podría pedirle esta información si el señor Jansen no me la quiere dar? Me doy cuenta de que, a pesar de que es una familia influyente y está en el ojo público, yo no sé nada de ellos. Ni siquiera lo más elemental.
Empiezo por internet. No es difícil encontrar lo básico. Lindholm Maritime es un gigante de la logística marítima, con rutas que conectan tres continentes y una flota que opera sin descanso. No es una empresa cualquiera. Es el tipo de compañía que mueve economías enteras sin que nadie sepa exactamente cómo. Ingrid Lindholm lidera el grupo. Su hija, Sophie Lindholm, estaba destinada a heredar ese liderazgo.
Al hacer clic en su nombre, me encuentro una romántica foto de la boda de Christian y Sophie. Debajo, la nota de prensa cuestiona la idoneidad de la unión de Sophie y Christian. Por lo que leo, Christian era un joven ingeniero cuando se conocieron. Ella ya era una figura consolidada en la industria naviera, con presencia en rankings como Fortune 500.
Sigo leyendo.
Con el paso del tiempo, el tono de los artículos se vuelve más amable con Christian, sobre todo tras la llegada de Asbjorn. Un esposo devoto, lo llaman. Líder capaz, modales impecables, buen gusto para la moda. Padre cariñoso. Las fotos que acompañan las notas de prensa muestran una familia unida, divertida y feliz. Y algo más: Asbjorn, con su cabello rojo y sus ojos azules, es el vivo retrato de su madre.
Los siguientes artículos que encuentro detallan el accidente en el que murió Sophie. En este punto, la historia no es tan clara, así que lo único claro es que en el vehículo iban Sophie, Asbjorn y el guardaespaldas de los dos. En algunas publicaciones, se dice que manejaba Sophie; en otras, que era el guardaespaldas. Algunos mencionan el alcohol como un factor; otros lo desmienten y culpan el estado del vehículo o el de la carretera. Otros insinúan la posibilidad de que el accidente no haya sido tal. Lo único en que todos coinciden es que el único sobreviviente fue Asbjorn.
No encuentro muchos reportes sobre las investigaciones. Es como si no se hubiera hecho mucho por esclarecer lo ocurrido, o como si el público no hubiera prestado demasiada atención. En los artículos que insinúan la intervención de terceros, el tono es dividido. Algunos apuntan discretamente hacia Dagmar; otros, hacia Christian. Nunca de forma directa, pero lo suficiente como para sembrar la duda.
Continúo mi búsqueda y encuentro que la muerte de Sophie fue declarada un accidente y el caso fue cerrado. La prensa se ocupó entonces de especular qué pasaría con el control de Lindholm Maritime. ¿Pasaría a manos de Dagmar o de Christian?
Algunas publicaciones cuestionaban a Christian por su origen y su ascenso dentro del grupo; otras señalaban el pasado turbio del esposo de Dagmar y sus posibles vínculos con negocios poco claros. Meses después, la decisión se hace oficial: el grupo no pasará a una sola mano. Europa quedará bajo el control de Dagmar Lindholm; América, en manos de Christian Jansen.
Me quedo con la impresión de que, sin importar lo que haya pasado realmente, Ingrid Lindholm quiso proteger tanto a Christian como a Dagmar con esta decisión. ¿Lo habrá hecho por aprecio a Christian o solo por el bienestar de su nieto? El internet no me ofrece más respuestas y supongo que por una noche es suficiente investigación. Cierro el computador y me voy a dormir acompañada, no solo por el señor Jansen, inquilino gratuito de mi cabeza, sino ahora por todos los Lindholm.
Me despierto pensando en cómo ir abordando paulatinamente con Herre Jansen todo lo que he averiguado, pero un cambio inesperado me recibe al llegar al colegio. La luz de mi salón está apagada. Poco después de las 6:30 llega Asbjorn, pero no acompañado de su padre, sino de un hombre joven, también de aspecto nórdico.
Mientras Bibi me abraza, el hombre se presenta. “Buenos días, Miss Nolly. Soy Carl Borg, secretario de Herre Jansen. Yo estaré llevando y trayendo al joven Asbjorn de ahora en adelante. Herre Jansen ha enviado esto para usted.”
Me entrega una lata de galletas danesas y una nota.
Miss Nolly,
Lamento la situación del día de ayer.
Agradezco el cuidado que brindan a mi hijo.
Confío en su gestión y en la de la institución para su proceso educativo.
En adelante, cualquier asunto podrá manejarse sin mi intervención directa, salvo en caso de emergencia.
El señor Borg se encargará de estos asuntos en adelante.
Jansen
Genial, pienso. Averiguar cómo ayudar a Asbjorn acaba de pasar de ser difícil a ser casi imposible.







