Ciento ochenta años después de aquella noche legendaria.
El Valle de la Manzana ya no era solo un bosque. Era un ecosistema vivo que se extendía por tres valles completos. Los árboles dorados crecían tan altos que sus copas formaban un dosel que filtraba la luz del sol en tonos ámbar y oro. Comunidades enteras vivían bajo su sombra, cultivando, estudiando y creando un mundo donde la libertad no era un ideal, sino una práctica diaria.
Lira XVI, de veintiséis años, caminaba descalza por el sender