Doscientos noventa y cinco años después de aquella noche legendaria.
El Valle de la Manzana había dejado de ser un bosque. Se había convertido en el pulmón vivo del planeta. Los árboles dorados formaban un ecosistema consciente que respondía al estado emocional de la humanidad. Cuando el mundo estaba en paz, sus hojas brillaban con más intensidad. Cuando el miedo intentaba regresar, las manzanas se volvían más dulces, como un recordatorio de que la rebeldía siempre era posible.
Lira XXIV, de tr