La noche era pesada y silenciosa, rota solo por el leve eco de sus pasos mientras Nicolás y Ricardo avanzaban por los callejones oscuros y estrechos que rodeaban el almacén. La adrenalina comenzaba a disiparse, dejando espacio para la fatiga y el dolor que, hasta ese momento, Nicolás había logrado ignorar. La herida en su abdomen sangraba, y aunque no había tiempo para evaluarla, el ardor le recordaba que su cuerpo estaba al límite. Aun así, su mente seguía enfocada en un solo objetivo: no dete