La mañana llegó con un cielo gris que parecía anticipar la oscuridad de los eventos por venir. Nicolás apenas había dormido, su mente atrapada en un torbellino de pensamientos. El sobre que Adrián le había entregado la noche anterior estaba sobre la mesa, pero no lo había abierto aún. Sabía que, una vez lo hiciera, no habría marcha atrás.
Pasaron varias horas antes de que decidiera tomarlo y romper el sello. Dentro, una hoja con los detalles de la reunión de esa tarde: el lugar, la hora, y los