El descenso por el núcleo de la pirámide se sentía como bajar por la garganta de una bestia tecnológica. No había escaleras, solo una plataforma de levitación magnética que nos deslizaba hacia las profundidades del desierto africano. Liam mantenía su mano sobre la culata de su arma, pero sus ojos estaban fijos en las paredes de cristal que revelaban los niveles inferiores: kilómetros de servidores que parpadeaban con una luz ámbar, procesando datos que nadie en la superficie recordaba.
—Este lu