Gabriela dejó a su pequeña Sofía en la cuna y bajó rápidamente las escaleras. Flor el ama de llaves había subido rápido y le había dicho que el señor estaba golpeando a Maximiliano.
Gabriela bajó rápidamente y corrió hacia la puerta de la casa, se detuvo de inmediato al ver cómo Alan tenía del cuello a Maximiliano.
—¡Alan!, ¡Por Dios, suéltalo! —gritó Gabriela corriendo hacia donde estaban ellos.
Alan sintió como su ira subía a un más al escuchar la voz de Gabriela.
—¡Alan, suelta a Maximiliano