Amelia caminó en zisa, mientras la mirada de Maximiliano la seguía atentamente.
—¡Dale esto a Gabriela!, estoy segura que después que le des esto ella no querrá resistirse a tus encantos —exclamó Amelia sacando un frasco pequeño de la gaveta de la cocina.
—¡Yo no tengo necesidad de absolutamente nada!, ella estará conmigo en menos de nada —dijo Maximiliano sobando su mandíbula.
—Pues no parece, ¡Dale esto en la bebida, te aseguro que ella está noche caerá rendida a tus pies, y no le quedará más