Amelia lo miró con superioridad, debía ser fuerte y más ahora que Maximiliano había disipado todas su dudas
—¡Que rápido aprendes, pero no puedes quitarme algo que nunca ha sido tuyo —dijo Alan con una sonrisa triunfal.
La cara de Amelia cambió de colores, al igual que sus piernas retrocedieron varios pasos hacia atrás.
—¿De qué demonios estás hablando? —titubeo Amelia.
—Lo que acabas de escuchar, nada de lo que dices que tienes es tuyo, todo absolutamente todo es del hijo de Jacob, y en estos